Lo que nos faltaba

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Lo que nos faltaba - Ignacio Gracia

Ignacio Gracia
Director de la Fundación Renal Jaume Arnó
En tratamiento de hemodiálisis

Al habitual “estado de excepción” en la vida, diría, de las personas afectadas por la enfermedad renal crónica sometidas a tratamiento renal sustitutivo (TRS) —diálisis o trasplante—, se nos ha sumado el estado de alarma motivado por un virus que aún no tiene tratamiento ni vacuna y que ha provocado muchas muertes.

Esto es motivo suficiente por el que esta pandemia nos ha hecho sentir más indefensos, más temerosos, más vulnerables y nos haya llenado de más incertidumbre, si cabe. Pero, por si esto fuera poco, tenemos que digerir la falta de información sobre la situación, no por ocultación, sino por desconocimiento sobre esta pandemia que nos ha pillado a todos a contrapié, más la información que nos llegaba y nos sigue martilleando a través de medios de comunicación, redes sociales, comunicados, etc. (mal pronóstico de infecciones —mayor número de infectados a escala mundial y posibles rebrotes—, parón en la actividad de trasplante, medidas de vigilancia extrema hasta el hallazgo de un tratamiento adecuado (vacuna incluida), problemas sociales, futuro económico incierto, etc.).

En la población española, según datos del Ministerio de Sanidad, a 19 de junio, el número de muertes con diagnóstico confirmado por la COVID-19 asciende a 28.329, aunque podrían ser más porque los observados desde el inicio del estado de alarma han superado a los esperados en un 29%. La diferencia (21.671) la justifica el ministerio porque no hay confirmación sobre que la COVID-19 haya sido la causa directa de estas muertes.

Desde el inicio de año, la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) nos informa de que la actividad de trasplante estaba, un año más, batiendo récords de donantes y de trasplantes realizados con unas cifras de 16,1 trasplante diarios. Durante la época de la pandemia ha caído a cuatro trasplantes diarios. Los coordinadores de trasplante, en su mayoría intensivistas, estaban trabajando en las UCI por la avalancha de ingresados por la COVID-19, así como la mayoría de los equipos de trasplante. Sí se han podido continuar con los trasplantes pediátricos —circuitos diferentes con menor riesgo de contagio— y urgencias 1 y 0, pocos más. Espero y deseo que se reinicie con todo el tesón y la rigurosidad habituales esta actividad de trasplante que tanto beneficio aporta a la sociedad.

Las cifras oficiales nos dicen que a escala mundial los fallecidos por la pandemia superan los ocho millones y medio de personas y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos advierte de “una nueva etapa de peligrosidad con más de 150.000 infecciones diarias a escala mundial”, por lo que nos aconsejan que extrememos la vigilancia y las pautas de control, especialmente las personas vulnerables.

Debería crearse de forma inmediata un consejo asesor de salud pública, una idea expuesta a partir de la Ley de Salud Pública de 2011, pero no llevada a cabo y que, para casos como este o futuros, sería de vital importancia a la hora de tomar medidas efectivas, inmediatas y contundentes. Personalmente, me gustaría que se implementasen estrategias hospitalarias para hacer frente a las posibles pandemias de forma inmediata con la posibilidad de tomar decisiones en un centro y no en todos. De la misma forma que hay medidas generales para la sociedad o para determinados colectivos ante determinados problemas, mi opinión es que desde lo personal podemos, entre todos, realizar cambios importantes de los que todos nos beneficiemos, pasando previamente por la autorresponsabilidad en todo lo referente a temas de salud.

Afortunadamente, también debemos poner en valor lo que hemos aprendido y realizado para que el balance no sea tan negativo.

En este momento, la curva de contagios ha disminuido bastante y ofrece cifras esperanzadoras y claras sobre las medidas de prevención del contagio, especialmente el confinamiento social.

Hemos de agradecer infinitamente el hecho de que el personal sanitario, incluidos celadores, limpiadoras, transportistas, repartidores, voluntarios, empleados de supermercados y comercios, conductores de ambulancias, barrenderos, ejército, cuerpos de seguridad y muchas personas más, hayan estado trabajando en primera línea para atendernos y cuidarnos.

Parece ser que se trata de un virus que tiene una cobertura más vulnerable que otros, puesto que el agua y el jabón lo inactivan, así como que no hay portadores permanentes, lo que significa que es posible disponer tarde o temprano de una vacuna, no como el virus del sida y otros virus de los que no disponemos de ellas.

La llegada del verano y del calor parece que ayudan a minimizar el contagio, así como las actividades al aire libre y el uso de mascarillas una vez que se acaba el confinamiento social. Aunque la prevención en cuanto a guardar las distancias sigue siendo una recomendación importante para evitar el contagio.

Los cuidados en los centros de diálisis en nuestro país han sido precisos y los sanitarios han realizado una labor encomiable en el cuidado de los pacientes. Lo he vivido personalmente y hay que quitarse el sombrero sobre la atención, ya esmerada y cercana desde antes de la pandemia, del personal sanitario relacionado con la enfermedad renal crónica .[1] Vaya mi agradecimiento personal.

En cuanto a la investigación científica en la búsqueda de soluciones, ahora que ya no hay tanta presión asistencial espero que se potencie por nuestro propio beneficio. No solo en la búsqueda de tratamientos, sino en general. Todo lo que sirva para conocer mejor cómo funciona y se comporta este virus en función de nuestra situación clínica, hábitos, tendencias genéticas, economía, etc. Soy partidario de realizar estudios genéticos, de patologías proclives al contagio (inmunodeprimidos, por ejemplo), de factores alimenticios, de actividad física, socioeconómicos y medioambientales que nos ayuden a determinar factores de riesgo hacia el contagio y sus efectos directos —hay quien no tiene síntomas y hay a quien le afecta gravemente. Creo que nos ayudaría a priorizar sobre quien puede precisar inicialmente de una vacuna efectiva o a quien las medidas de prevención ya anunciadas les es suficiente de inicio.

Creo que todos debemos poner nuestro granito de arena para conllevar esta situación hasta encontrar un tratamiento efectivo con el mayor rigor posible, especialmente las personas que somos más vulnerables. Los ánimos siempre arriba para afrontar esta situación, de la que somos muy conscientes, pero también muy consecuentes con la holística mental y física que debemos poner en práctica para superar este obstáculo que se nos presenta.

Para todo lo que necesitéis sobre información, ayudas en la gestión de documentación y solicitudes, tratamientos psicosociales, psicológicos y nutricionales, contáis con la colaboración del equipo de la Fundación Renal Jaume Arnó, que está a vuestra disposición especialmente en estos momentos de perplejidad que vivimos.