El paciente renal empoderado

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Juan José Gascó

Juan José Gascó Esparza 
Diplomado en Fisioterapia (Col. 1398 CV)
Osteópata D.O.
Inductor Miofascial
Corenergética
Bioneuroemoción
Nutrición y Terapia Ortomolecular
Psiconeuroinmunología

Me llamo Juan José Gascó y nací hace 38 años en un pequeño pueblo de Valencia llamado Pobla Llarga. Al principio todo pareció ir bien, era un “niño sano”. Pero a los pocos meses todo se complicó. Empecé a tener episodios repetidos de fiebre, malestar, sin apetito y mucha irritabilidad. Con los medios que entonces había tardaron en diagnosticarme una malformación congénita en la vejiga que por aquel entonces ya había afectado a mis riñones. El primer recuerdo que tengo es con 3 o 4 años orinando por dos bolsitas que llevaba pegadas a la espalda. Aunque la función renal siguió deteriorándose poco a poco, conseguí aguantar hasta los 16 años antes de entrar en diálisis. Eso sí, como el problema inicial en la vejiga seguía, a los 13 años los médicos decidieron hacerme una “nueva” con una porción de intestino, la cual quedó bien, aunque tengo que realizarme autosondajes de forma regular para poder vaciar el contenido. A falta de dos semanas para cumplir 17 años, llegó mi trasplante, no sin antes haber pasado por una experiencia cercana a la muerte en un intento de trasplante tan solo un mes antes. El trasplante fue muy bien y supuso un cambio muy importante en mi vida, aunque para ser sincero lo que realmente supuso un cambio radical fue el hecho de quitarme las bolsas para orinar a los 21 años.

Cuando todo parecía mejorar, presenciar el fallecimiento de un amigo hizo que todo aquello que no había solucionado de mi infancia y mi adolescencia (que era casi todo) estallara de golpe. A la medicación para el trasplante y las comorbilidades que existen alrededor de los enfermos renales, había que sumar los antidepresivos, ansiolíticos y somníferos. En total sumaban casi 60 pastillas al día. Llegué a estar en un estado muy lamentable, tanto a nivel físico como mental. Pesaba casi 100 kilos, me había abandonado como persona. No hallé en mi entorno ni en los médicos la ayuda que necesitaba. Como no me sentí apoyado ni comprendido, decidí apartarme de ellos.

El camino en solitario es difícil y duro, pero con el tiempo encuentras los apoyos necesarios y las recompensas para saber que elegiste el camino correcto. Realicé cambios nutricionales, empecé a hacer ejercicio, abandoné hábitos perniciosos e introduje otros beneficiosos, me alejé de mucha gente y encontré a otra. Y sobre todo experimenté. Y erré. Erré muchas veces, pero afortunadamente las consecuencias fueron leves y tan solo se quedaron en un aprendizaje.

A mis 38 años peso 65 kilos, tomo tan solo 7 pastillas al día (los inmunosupresores) y mi nivel de energía, tanto a nivel físico como mental y emocional, son mejores que nunca. Mi riñón (porque es mío) sigue funcionando al 100% con más de 21 años de trasplante.

Si me preguntan qué apoyos encontré en mi vida para solucionar mis problemas, siempre digo estos cinco:

  • Mi donante. Cuando hablo de mi cuerpo y mi trasplante siempre digo que ahora vivimos dos personas en un cuerpo, dos energías que se amalgaman. Los dos nos necesitábamos para seguir viviendo. Él cuida de mí y yo cuido de él. El beneficio es mutuo. Él (o ella) fue mi primer punto de apoyo. Si yo no llego a recuperar mi salud, probablemente no me habría empoderado como lo he hecho. Como dice una amiga mía psicóloga, soy libre para fantasear con mi trasplante y mi donante.
  • Mi actual jefe, Alejandro Sanz. Él me ha ayudado mucho a valorarme como persona y como profesional. Dentro de la empresa me siento seguro y tranquilo, y eso me aporta el marco necesario para poder crecer.
  • Mi mujer, Patri. Mi apoyo, mi pilar. Llegó a mi vida en el momento que más lo necesitaba. Es una mujer fuerte e independiente. Sin miedo. Esos valores eran de los que yo carecía cuando la conocí. Sin ella, mi independencia no habría llegado.
  • Mi hija Llum. Aunque tan solo tiene 3 años, me ha ayudado (y me ayuda) a sanar las heridas de mi niño interior. Pasar una infancia y adolescencia encerrado en hospitales, entre personal médico y alejado de tu familia es muy duro. Sentirte rechazado por no ser igual que el resto de los niños ni poder llegar a serlo es una experiencia desgarradora. Ahora veo su infancia, la de una niña sana, querida, amada, que se siente una más del grupo, y eso me ayuda a cicatrizar mis heridas.
  • Juan Fernández, CEO de los laboratorios Keybiological y Vegafarma. Yo siempre he querido hablar de tú a tú con los médicos, por eso llevo años formándome. Él me ofreció la oportunidad de poder ofrecer ponencias en congresos médicos y a valorarme aún más como profesional. Poder ir con el respaldo de unos laboratorios de prestigio como los suyos es un honor, más que una carga.

Actualmente, me dedico a empoderar a pacientes renales y trasplantados de todo tipo desde la psiconeuroinmunología. Les animo a que tomen las riendas de su salud. Para mí es el único camino que existe. Estoy convencido de que cuando empiecen ese camino en solitario, al igual que me ocurrió a mí, aparecerán en su vida las personas adecuadas para que el cambio que necesitan se produzca. Tan solo hay que creer, tener una fe inquebrantable y, a ratos, unas pequeñas dosis de valor.